21 de septiembre de 2026
Suscribirse


21 de septiembre de 2026
Suscribirse
OPINIÓN

¿Qué tan humano seguirá siendo el derecho?

21 de septiembre de 2026

Santiago Bonivento

Profesor de derecho Pontificia Universidad Javeriana y Colegio de Estudios Superiores de Administración, Cesa
Canal de noticias de Asuntos Legales

Si pudiera volver al momento en el cual estaba escogiendo mi carrera profesional, a eso de los dieciocho años de edad, y tuviera que escoger nuevamente una carrera, ¿volvería a estudiar derecho? Es una pregunta que me ha dado vueltas en la cabeza en los últimos días y quería plasmar, en este espacio, mis consideraciones al respecto.

La pregunta arriba formulada genera más reflexión que hace una década: el mundo hoy es uno distinto al de hace casi diez años cuando estaba cursando mis primeros semestres universitarios. Y, sin duda alguna, uno diametralmente diferente al que se vivió en la primera década del siglo.

Cuando tomé la decisión de estudiar la carrera de derecho, la inteligencia artificial todavía parecía una conversación lejana. Hoy, es una realidad palpable y clara. Esta, con sus retos, ha supuesto una nueva forma de trabajo, de estudio, de aproximarse a la ciencia del derecho y, en general, a todas las ciencias y aristas de la vida. La inteligencia artificial, en lo que a nuestra carrera concierne, coadyuva a sintetizar documentos, resumir escritos, proyectar argumentos, organizar archivos, y un largo desarrollo de múltiples actividades más. Con eso en mente, la pregunta, por lo tanto, parece interesante y, a la vez, inevitable.

No me hice esta pregunta únicamente con la cabeza de abogado. También me la hice con el sombrero de docente. Pienso en mis estudiantes y en el ejercicio profesional al que se enfrentarán en sus primeros años de carrera, uno que, sin duda, será distinto al que a mí me correspondió vivir. Y, para eso, hay que prepararse (y prepararlos).

La respuesta a la pregunta, en mi caso, es contundente: volvería a estudiar la carrera sin temor, prevención ni reserva alguna.

La primera razón que se me viene a la cabeza es, quizá, la más personal y, a la vez, trascendental para mí: el derecho ha sido mucho más que una profesión. Ha sido una manera de entender el mundo, de aprender a escuchar posiciones y argumentos distintos y, sobre todo, de acompañar decisiones que tienen un impacto real en la vida de las personas. Lo fue cuando cursaba mis primeros semestres, lo fue cuando avanzaba en la carrera universitaria y me adentraba en el mundo del consultorio jurídico y la monografía de grado, y lo es ahora, cuando ejerzo la profesión.

Para la muestra, un botón: detrás de un contrato hay cláusulas, términos y formas de redacción, pero también hay intereses. Detrás de una controversia o una litis, hay historias y momentos vividos. Detrás de una negociación hay, sin duda, expectativas, intereses y posiciones. Y en los tres escenarios hay una constante que no podemos perder de vista: hay seres humanos racionalmente sintientes.

Y las personas, por definición, somos emociones, experiencias, temores, convicciones y expectativas. Esa dimensión humana atraviesa buena parte de las decisiones que tomamos y, sin temor a equivocarme, también aquellas que llegan al mundo jurídico.

Por eso creo que la inteligencia artificial puede transformar profundamente la manera en que ejercemos la profesión y, tan es así, que ya lo está haciendo (y a pasos de gigante). Sin embargo, difícilmente podrá vaciarlo de su componente humano. Podrá ayudarnos a encontrar una respuesta, pero no necesariamente a comprender por qué esta efectivamente importa para el análisis del caso. Podrá identificar una cláusula de riesgo, pero no sentir la preocupación de quien está detrás de ella o por qué se negoció de esa manera. Podrá sugerir alternativas en una negociación, pero no reemplazar la confianza, tan esencial para que esta llegue a buen puerto.

El derecho, al final, no se agota en la norma. Trasciende a la persona y allí cobra todo el sentido. El gran desafío del jurista que se adentra en la carrera hoy en día, está enfocado, en mi opinión, en no perder la humanidad. Y esa no es una razón para abandonar el derecho. Es, por el contrario, una razón para abrazarlo con total convicción. Precisamente por eso, ante la pregunta que planteaba al inicio, mi respuesta es tan clara como contundente: volvería a escoger esta maravillosa ciencia social, sin dudarlo, como mi carrera y profesión de vida.

¿Quiere publicar su edicto en línea?

Solo envíe su Edicto o Aviso de Ley, y recibirá la información para su publicación
Comprar ahora
Contáctenos vía WhatsApp

ÚLTIMA EDICIÓN IMPRESA